Thursday, April 26, 2007

PELÍCULAS INCREÍBLEMENTE EXTRAÑAS

6. BANGKOK DANGEROUS (1999)

Una de las cosas que más me tocan los cojones es esto de los remakes yanquis del cine asiático de género. Últimamente, no hay estreno comercial yanqui de terror o de acción que no sea un remake casi instantáneo de algún éxito del cine oriental. Al principio eran sólo las típicas de terror dirigidas a adolescentes del mall de turno con Sarah Michelle Gellar, pero luego la cosa se ha extendido hasta el cine con glamour y con oscars y todo. Ahí está Scorsese, mírenle, que después de tres décadas de películas brillantes van y le premian por una que es un simple remake de una peli de Hong Kong y que, sin restarle méritos, tampoco demuestra nada que no hubiera demostrado ya en títulos anteriores. La última moda ya es lo de llevarse a los cineastas de culto de tierras orientales a Hollywood para que hagan sus películas allí. Y ya lo último de lo último llevarse a los cineastas orientales a Hollywood para que hagan allí los propios remakes de sus películas. Y luego casos extremos, como el de Hideo Nakata, que se lo llevan a los States no para rodar el remake de su película, sino la secuela del remake, que no es lo mismo que el remake de la secuela, que también podía haber sido.

¿Qué sentido tiene todo este sindiós? Pues muy fácil: obtener salida comercial para unas ideas que son de otros señores que, por su procedencia geográfica, no son muy comercializables en sí mismos. Porque el hecho del remake como relectura y tal, aquí no cuela, oiga. Eso se aplicaba antes cuando hacían un remake de un clásico en blanco y negro, no sé. Que si el remake de EL CABO DEL MIEDO, el de EL MENSAJERO DEL MIEDO, el de EL PUEBLO DE LOS MALDITOS... Pero es que ahora ya están haciendo el remake casi antes de que se haya estrenado el original. Bueno, por estos lares, sin el casi. Porque ya me contaréis aquí quién coño ha visto las pelis originales asiáticas de THE RING, DARK WATER, PULSE, etc. Aquí la gente ve el remake, que es lo que llega y lo que le suena, y cuando te preguntan eso de "¿Has visto la peli XXX?", pues se refieren directamente al remake, en la mayor parte de los casos ignorando incluso la existencia del original. Y eso es lo que me jode, que en muchas ocasiones esta acelerada fiebre del oro que lleva a las compañías americanas a rodar y distribuir a nivel mundial remakes de películas procedentes de esa nueva cantera de visionarios que parecen haber descubierto en el Lejano Oriente... esta fiebre, digo, es lo que ocasiona que aquí no se distribuyan esos films originales, y por extensión, tampoco casi nada del cine oriental en general. Y lo peor de todo es que probablemente los magnates de la industria estadounidense tengan poderosas razones para obrar como lo hacen. Prueba de ello es que si estrenas una película china o tailandesa, la gente no va a verla, porque las personas que salen en pantalla son chinas. Son películas de chinos, y por lo tanto, raras. Aunque luego sean perfectamente comerciales, pero da igual, el espectador medio dirá que no le suenan los nombres de los actores, ni la película, y que encima es de chinos y los chinos se parecen todos entre ellos y son señores muy raros, y que bah, que mejor vamos a ver esta otra de tiros y persecuciones con Mark Wahlberg. Aunque la peli de Mark Wahlberg sea un remake plano por plano de una de Hong Kong con Tony Leung, da igual. La de Mark Wahlberg "estará entretenida" y la de Tony Leung "será un poco rara".


Otra de las cosas que más me tocan los cojones en esto de los estrenos cinematográficos es la presencia de Nicolas Cage. Un hombre que vale, que será totalmente respetable y eso, pero al que yo detesto profundamente. Lo detesto, por un lado, porque me parece un pésimo actor que encima siempre queda mal en todos los papeles que hace. Pero lo detesto además porque, mal que me pese, me veo obligado a admirar la grandeza de muchas de las películas que protagoniza. Nicolas Cage es ese actor que siempre acaba protagonizando ese proyecto que tanto esperas, ese hijo de puta que siempre consigue hacerse con el mejor personaje de esa obra maestra del cine. Lo detestas doblemente, porque mientras lo odias, no te queda más remedio que elogiar sus películas, aunque no sea gracias a su trabajo. Mientras que otros actores odiados pueden ahuyentar al público de una determinada película, con Nicolas Cage no lo consigues, te acabas tragando pelis estupendas como LORD OF WAR, EL LADRÓN DE ORQUIDEAS, RAISING ARIZONA, CORAZÓN SALVAJE, BRINGING OUT THE DEAD... ¡Hasta en GRINDHOUSE vamos a tener que verle haciendo un cameo como Fu-Manchú!


En fin, quizás después de todo este rollo anterior el lector pueda comprender mi sensación de horror al comprobar que BANGKOK DANGEROUS, una de mis pelis orientales de acción favoritas, va a ser objeto nada menos que de un remake americano protagonizado por Nicolas Cage, y por si fuera poco, dirigido por los propios directores de la película tailandesa original, pero con un guión distinto adaptado por un guionista norteamericano. O sea, que se ve venir el desastre. Por lo tanto, y antes de que BANGKOK DANGEROUS sea un título que esté en boca de todo el mundo como referente del cine de acción yanqui, procedo a aportar aquí mi pequeño granito de arena para recordar el film original. Más que nada, porque es posible que dentro de poco ya nadie sepa que existe, del mismo modo que casi nadie sabe que existen RINGU o INFERNAL AFFAIRS.

BANGKOK DANGEROUS es una de las primeras películas realizadas por los hoy célebres Pang Brothers, cineastas oriundos de Hong Kong pero afincados en Tailandia, país donde rodaban hasta ahora todas sus películas. Obtuvieron repercusión internacional gracias al éxito de THE EYE, peli de terror que cosechó secuelas varias y que fue lo que motivó, a la postre, que estos señores emigraran a los States a trabajar. Allí han hecho, de momento, una de terror de reciente estreno titulada THE MESSENGERS, que aunque no he visto se dice por ahí que es muy mala entre las muy malas. Sin embargo, en los tiempos anteriores a THE EYE, facturaron un buen puñado de films en su mayoría desconocidos para la ciudadanía, todos ellos ambientados en las calles de Bangkok como escenario cinematográfico perfecto, y entre los que se encuentra el que ahora nos ocupa.


La peli en cuestión destaca más por su arriesgada apuesta visual y estética que por su argumento propiamente dicho, que está repleto de clichés del género. Como mandan los canones, tenemos a Kong, un asesino a sueldo que es sordomudo, pero que es un superprofesional de la hostia en su trabajo. Los jefazos de las mafias y los empresarios corruptos se lo rifan para encargarle los mejores trabajos. El correspondiente flashback ya nos hace ver cómo en realidad antes trabajaba con su compañero y mentor Jo, que fue quien lo acogió como socio y le enseño los gajes del oficio. ¡Ah, cuántos bellos recuerdos matando juntos! Que si aquel disparo a bocajarro, que si cuando estábamos los dos juntos de snipers en aquella azotea... Ya saben, amistad, camaradería entre hombres... No, hombre, de esa que están pensando no. El caso es que, flashbacks en blanco y negro aparte, un buen día Jo recibió un disparo en la mano y tuvo que dejar su empleo, por lo que llamaríamos "incapacidad permanente total". Desde entonces, el bueno de Jo vive recluido en su apartamento todo hundido el pobre, sumido en la miseria, la drogaína y la depresión. Afortunadamente, Kong sigue trabajando en solitario y llevando dinero a casa. Los encargos se los asigna siempre Aom, su contacto en un club de strip-tease. Aom es la antigua novia y socia de Jo, encargada de contactar con los clientes y con el autónomo. Algo así como la representante de una agencia de asesinos a sueldo. De ese modo, Kong nunca sabe quién ha encargado el trabajo ni para qué, sólo sabe a quién debe asesinar, cómo y cuándo. Su trabajo lo lleva a cabo metódicamente, ya sabéis, con las típicas escenas subjetivas en las que se ve el blanco del teleobjetivo apuntando a la cabeza del típico señor que se baja de una lujosa berlina frente a un hotelazo de cinco estrellas acompañado por el típico guardaespaldas trajeado con gafas de sol y "pinganillo".

Como es lógico en este tipo de películas, el protagonista, a pesar de dedicarse a una profesión tan fea y tan políticamente incorrecta, en realidad tiene buen corazón y desea abandonar el oficio. Pero este deseo no es lo suficientemente intenso hasta que conoce a Fon, una farmacéutica de la que se enamora porque le recomienda un jarabe para la garganta (motivo suficiente para beber los vientos por alguien, qué duda cabe). El ya clásico proceso de "redención por el amor", vamos. Por ello, Kong decide aceptar un último trabajo, un encargo muy importante y muy bien pagado, en el que deberá viajar a Hong Kong y organizar la típica "masacre-en-un-restaurante" de toda peli de acción oriental que se precie de serlo. Y bueno, como ya imaginaréis este trabajo no le trae más que complicaciones. Para empezar, resulta que Fon descubre por accidente a qué se dedica su pretendiente en realidad y decide dejar de verle (bueno, más que por accidente, lo descubre porque les dan el palo unos tíos en un parque cuando están los dos como tortolitos y Kong se pone a pegar tiros y organiza allí un baño de sangre de la de Dios). Para seguir, el cliente que encargó el trabajo de Hong Kong decide borrar toda huella que pueda llevar hasta él, y encarga el asesinato de quienes sepan algo del asunto, o sea, básicamente Aom y Kong. Primero, los esbirros descerebrados de turno van a por Aom, la secuestran, la violan, la torturan, y la someten a todo tipo de actividades lúdicas para que revele la identidad del asesino en cuestión. Al final se la cargan, claro. Jo, que aún vive traumatizado por su antigua relación con Aom, monta en colera cuando descubre que la han asesinado y se dirige inmediatamente a la guarida del malo a montar una matanza de las que hacen época, pero por motivos absurdos acaba siendo él la víctima. Muerta Aom y muerto Jo, a Kong no le queda más remedio que enfrentarse al Jefazo Mafioso Todopoderoso y a todos sus hombres en el típico almacén oscuro, en un tour de force final hiperviolento y lleno de disparos y movimientos de cámara raros, cargándoselos uno a uno, y asumiendo su trágico destino cuando ve estrecharse el cerco de la policía y los malos de turno con pistolas.


Los clichés, como veis, no son pocos:

- El asesino que quiere dejar de serlo, pero que decide aceptar ese "último trabajo" antes de retirarse, y que ve como se le complica todo. Ya sabéis, lo mismo que al policía de turno siempre le toca el caso más jodido cuando le quedan tres días para la jubilación. Lo que llamaríamos el síndrome de "sólo una cerveza más y nos vamos".
- El destino trágico del protagonista, atrapado por su condición de delincuente. Da igual que intente huir de ello, su pasado viene a buscarle, su destino es ser lo que es y morir como tal.
- El asesino con honor, leal a sus socios.
- La trama de venganza, el clásico "habéis matado a mi compañero y ahora vais a morir".

Y bueno, luego los clichés estéticos, pues los que están en la mente de todos: que si escenas de violencia totalmente exageradas, disparos explosivos que resuenan en Dolby Digital, mucha cámara lenta (esas gotas de lluvia que cubren todo el plano y caen y estallan como si fueran bombas de hidrógeno), diferentes formatos (los flashbacks en blanco y negro y 16 mm., ese prólogo rodado a través de una cámara de videovigilancia...), efectos sonoros de lo más variopinto, escenas repetidas desde diferentes ángulos, ambientillo como de videoclip, poco diálogo y una recreación malsana en los tiroteos, las persecuciones, las muertes... En cuanto a los detalles, tampoco faltan el ubicuo "killer ambidiestro con dos pistolas" cargándose a una docena de malos él solo, las masacres en restaurantes, los personajes que no paran de fumar (con esas caladas viciosas llenando toda la pantalla), y ese ambiente nocturno tan oriental repleto de night clubs con neones brillantes en mitad de ese caos de callejones del inframundo pecaminoso de Bangkok, un ambiente muy similar al logrado por Takashi Miike en DEAD OR ALIVE. Y esos títulos de crédito de diseño tan currados, con esas letras en el alfabeto Thai.


En BANGKOK DANGEROUS confluyen los rasgos de estilo de cineastas orientales como John Woo o Won Kar Wai, por un lado, y de cineastas europeos del spaghetti y el euronoir, como Leone, Melville o Sergio Corbucci. De John Woo hereda a ese asesino en busca de redención, a ese francotirador profesional, pero también los tópicos de los tiroteos grandilocuentes, como el del restaurante, que recuerda al del salón de té de HARD-BOILED o al de FALLEN ANGELS. La figura del protagonista mudo incapaz de huir de su destino recuerda al personaje de Jean-Louis Trintignant en esa obra maestra que es IL GRANDE SILENZIO de Sergio Corbucci, un pistolero a sueldo mudo y marcado por cierto incidente pasado, contratado para vengar la muerte de otro hombre. Pero también recuerda a otros referentes más universales, como al Alain Delon de EL SILENCIO DE UN HOMBRE, que a su vez inspiraría a los propios protagonistas de las películas de John Woo, Takeshi Kitano... Nada es nuevo en BANGKOK DANGEROUS, pero todas las referencias e influencias están estupendamente aprovechadas para lograr una muestra de neo-noir tailandés muy digna y recomendable.

Para verla, pues a ver, en España está editada en DVD por el sello SVA con el título MUERTE EN BANGKOK. A fecha de hoy, puede comprarse en su distribuidor habitual al precio de 9,95 euros + gastos de envío. Otra opción es la edición británica de Tartan Video, que es la que tengo yo, y que es más o menos parecida a la española, aunque incluye las típicas film notes de Mark Wyatt. En sí misma, no merece mucho más la pena que la española, pero teniendo en cuenta que la tienen aquí a 8 libras con gastos de envío incluidos, pues igual sale más económico pillarse esa. Luego está la edición americana de First Look, que no merece la pena, porque no trae nada de interés y encima es zona 1. Y luego, pues la opción de siempre, claro: teclear el título en el eMule y bajársela directamente. Eso sí, en este último caso téngase en cuenta la necesidad de subtítulos, porque en las ediciones foráneas la peli viene en tailandés con subtítulos en inglés, y salvo que alguien haya ripeado el DVD español, cosa que dudo, pues va a estar un poco jodida la cosa. En cualquier caso, siempre es preferible cualquiera de las opciones mencionadas antes de tener que empezar por el remake con el puto Nicolas Cage.

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Tuesday, April 24, 2007

DRESS FOR EXCESS: EL RETORNO


La vida en la Administración Pública es con frecuencia un proceso lleno de altibajos. Si le preguntan ustedes al ciudadano de a pie, seguramente les dirá que la Administración Pública es ese lugar donde la norma consiste en la dejación de funciones generalizada, en el mínimo esfuerzo, en el pitorreo y la falta de respeto hacia el administrado, y en general en todo este tipo de técnicas muy españolas como el escaqueo, el tocamiento de huevos o el incumplimiento de las obligaciones en función de las apetencias momentaneas de cada cual. Vamos, un poco el cliché del funcionario de los chistes de Forges. No negaré yo la existencia de este tipo de personas. Es más, no sólo no la niego. Desde mi condición de empleado del Gobierno, la ratifico y confirmo. Sin embargo, también hago hincapié en el hecho de que en realidad este tipo de personas son una minoría. Una minoría de personas que incumple sus obligaciones, frente a una mayoría que en realidad, no incumple ninguna de sus obligaciones, por la sencilla razón de que carece de ellas. En otras palabras, que lo de hacer el vago en el trabajo y dedicarse a actividades vacuas e insignificantes como tomar café, cotorrear sobre los jefes, o escribir este blog, no procede, como la mayoría de la gente piensa, de la incompetencia de los trabajadores que cobran del erario público, sino de la incompetencia de los propios organismos a la hora de administrar los recursos o de hacer el reparto de tareas. Este reparto no sólo sufre un desequilibrio notable en función de la persona, sino también en función de la época del año, oscilando entre períodos de mucho papeleo, hasta períodos en los que la mera existencia de un determinado puesto de "trabajo" es, directamente, innecesaria.

Un perfecto ejemplo de esta tendencia sería, sin ir más lejos, yo mismo. Ya se sabe, lo de siempre: un buen día vuelves de tus vacaciones de navidad y te encuentras con que te toca empezar con todo lo gordo. Te pasas fácilmente dos meses o dos meses y medio con mucho trabajo constantemente, hasta lo que por aquí denominamos el "cierre del 2006", que curiosamente, acontece en marzo del año 2007, por aquello de los retrasos y tal. A partir de ahí uno se encuentra totalmente liberado. Pasas de tener un flujo constante de trabajo a no tener absolutamente nada que hacer. Cuando digo nada quiero decir NADA en terminos absolutos. Ocho horas al día sentado frente a la pantalla del ordenador mandando powerpoints de chistes y leyendo toda la prensa local, regional, nacional, internacional e interplanetaria, tanto en formato electrónico como en formato papel. Mirando constantemente el reloj a ver si llega ya de una puta vez la hora de fichar e irse. Y al día siguiente igual. Y al siguiente también. Y al siguiente. Tras unos cuantos años sentado en la misma silla, uno sabe que el flujo del curro es un poco como la llegada de las estaciones, los ciclos lunares, la menstruación... Sabes que tu presencia allí en aquel momento es absurda, pero sabes que en cuanto llegue el mes de junio vuelve a empezar el flujo de curro de 2007 de nuevo en plan bestia hasta finales de julio. Simplemente te sientas y esperas.


Pero un buen día te llama tu jefe al despacho y te dice que quiere comentarte una cosa. Tú vas, claro, qué otra cosa vas a hacer. Tu jefe te informa de que, como bien sabes, el programa de subvenciones del que tú te encargas depende de un Plan de Desarrollo europeo. Y como también sabes, este Plan de Desarrollo abarcaba fondos correspondientes al período 2000-2006. Por lo cual, ahora, tu trabajo ha terminado para siempre. Tú sigues ahí, claro, pero eres como una mera presencia espectral que no pinta nada. Eres como un espectador que sigue sentado en su butaca cuando ya ha terminado la función y se han encendido todas las luces. Eres como Christopher Walken al final de EL CAZADOR, sigues jugando a la ruleta rusa aunque ya haya terminado la guerra y todos tus compañeros se hayan marchado a casa. Tu jefe te informa de que, como bien sabes, el proceso en realidad va a seguir igual, prolongándose con un nuevo Plan de Desarrollo 2007-2013. Sin embargo, y debido a los complejos entresijos diplomáticos que tienen lugar en algún rincón de Bruselas con muchos abogados y ministros, este Plan no va a ser aprobado hasta enero de 2008. Que viene a ser como si te dijeran que por alguna extraña razón de unos papeles, la Liga de Fútbol 2007/2008 no se jugará hasta el 2009, y que si eso, pues ya el 2009 jugamos la liga de ese año y las anteriores todas juntas.

La gran incógnita entonces es la siguiente: ¿y qué hostias hago yo aquí sentado todos los días durante casi un año natural, levantándome a las seis de la mañana para estar ocho horas al día mirando a las musarañas sin absolutamente NADA que hacer? ¿Por qué coño no me despiden? ¡Mi vida es absurda! ¿Qué hago yo aquí día tras día y mes tras mes contemplando el perchero, las sillas giratorias, el teléfono que nunca suena, las polvorientas cajas de archivo...? Y entonces caes en la cuenta. Entonces recuerdas que en realidad esa situación no es demasiado distinta a otras similares, pero más breves, en las que ya has estado antes. Y entonces te viene a la memoria: coño... ¡pero si yo tenía un blog! Y lo buscas, y tecleas excitado la dirección que ya hace meses que no aparece por defecto en la Barra de Direcciones, y compruebas que sí, que efectivamente sigue ahí, y que ahí esta tu ficha con tu foto a la derecha, y aquella plantilla llena de delirios verbales en forma de posts, y aquel banner, y todo... Revisas las fechas y ves esa última entrada de hace ya un tercio de año. Dios mío, un tercio de año. ¿Dónde coño he estado yo metido todo este tiempo?


Desde luego, esto de los tocho-blogs parece hecho ex profeso para este tipo de situaciones. El blog como vía de escape para una existencia absurda, para el aburrimiento de la gris vida moderna, para este cotidiano horror vacui que nos impulsa a llenar el vacío de nuestras vidas con cualquier cosa, por inútil e inservible que sea. La cosa es que haya algo de contenido en nuestras vidas, en nuestras mentes, en nuestras agendas. Aunque esos contenidos no sean más que esquizofrénicas líneas de texto acumuladas sin sentido en la plantilla de un blogger cualquiera. Aunque no sean más que reflexiones que no van a ninguna parte, voces en el desierto que den forma a todo lo que se amontona sin ton ni son en el interior de nuestras conciencias. En mi caso, claro está, este proceso de catarsis no irá mucho más allá de las cuatro cosas que hasta ahora se solían leer por aquí, y de nutrir un poco la sección Películas Increíblemente Extrañas, y en general de hablar de cualquier perogrullada. Es muy posible que al igual que ocurre en mi trabajo con el flujo de tareas, la periodicidad de los posts de este blog pase de un extremo a otro. Del silencio total de los últimos meses, a actualizaciones frecuentes diarias o cada pocos días, porque ya me contarán ustedes si no a ver qué hostias voy a hacer ocho horas al día. Bueno, siempre está lo de actualizar mi crónica cubana aquí, como casi todos ustedes sabrán, pero esto me lo hago con la polla, con perdón, y apenas tardo más de diez minutos al día. Y el resto del día, ¿qué?

Supongo que de algún modo es una excusa para que llegue un día en el que puedas mirar atrás en el tiempo y comprobar de forma fehaciente lo que has hecho durante el último año. De no sentir que todo ha sido una estúpida pérdida de tiempo. Porque yo, mientras nada cambie, tengo que seguir levantándome a las putas seis de la mañana todos los putos días y viniendo aquí ojeroso y somnoliento a mirar el monitor, el perchero y las cajas de archivo durante horas. Y claro, a principios del año que viene, no me gustaría ser un fantasma invisible que ha estado ausente, silencioso, inactivo y criogenizado durante todos estos meses. Me sentiría como Robert De Niro en ERASE UNA VEZ EN AMERICA, cuando reaparece 35 años después de su huida, siendo ya un anciano, y Fat Moe le suelta eso de "Oye, Noodles, ¿qué has estado haciendo durante todos estos años?". Y él le responde: "Acostarme temprano".


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